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Foto pastel y borrosa

Cargado originalmente por hortensia violencia.


Fue la primera foto del viaje y la primera también después de cruzar el túnel del Cristo redentor. Salió mala pero era un momento de emoción, que se le ve en la cara al Rodrigo.

Hasta Los Andes el viaje fue normal. Pasamos por Calle Larga y me acordé de los tiempos en que íbamos para allá con mis amigos en los tiempos colegiales a ver a personas muy lindas de esos lados. Una vez más le comenté de eso a Rodrigo y me molestó un poco, pero siempre simpático. Llegamos al terminal de Los Andes donde estaba planeada una parada para que subieran más pasajeros.

Los nuevos pasajeros eran al parecer un grupo de trabajadores del mismo rubro, que se conocían entre sí y que tenían el mismo destino. Eran cerca de una decena y ocuparon los últimos asientos del segundo piso del Bus Cata. Se echaban tallas y reían fuerte. Nosotros a veces nos reíamos con las cosas que decían. Salíamos de Los Andes y empezábamos el camino hacia Los Caracoles, el Túnel Cristo Redentor y luego el paso fronterizo Los Horcones (así se llama al lado argentino).

Miramos Portillo y la Laguna del Inca con fruición, aunque no vamos a Portillo a esquiar porque no nos da (al cabo que ni queríamos), pero es un sitio hermosísimo. Luego empezaron las vueltas de Los Caracoles, muchas muchas muchas. En el camino un camión que se había caído al río Aconcagua desde la carretera. Miedo. Además que todo ese trayecto visto desde el segundo piso era más que tenebroso, por lo tanto, veíamos el camión volcado a la orilla del río mucho más lejos.

Pasamos Los Libertadores por el lado, donde los buses que venían desde Argentina hacían una cola y el bus enfiló directo hacia el túnel Cristo Redentor. Era pasado del mediodía y se estimaba que llegaríamos al lado argentino como a las 13:00 hrs. Siempre con los túneles largos me acuerdo de mi mamá y de su claustrofobia. Pasando este túnel me acordé de que mis padres, mi hermano y mis tías intentaron ir a Argentina antes de que yo naciera (estaba en el vientre materno) para ir a ver al Quilapayún durante la dictadura. No pudieron cruzar los pavos porque no llevaban el permiso del auto, que era de mi tío (berf). Ya me imagino a mi mamá en ese túnel y más encima embarazada… tuvo suerte de no tener que cruzarlo.

Aparecimos al otro lado y Argentina era… igual que Chile. Entonces es cuando se vuelven anecdóticas las fronteras y todas esas dinámicas burocráticas para ir de un lado a otro. Nos habló el auxiliar del bus “Nicolás” (gran personaje) y nos explicó por medio de los parlantes cómo sería el procedimiento una vez llegados a Los Horcones:

  1. Llegar y el bus se pondría a la fila.
  2. Mientras estuviéramos en la fila de buses nadie podría bajar.
  3. Una vez dentro del “Complejo fronterizo” podríamos bajar y hacer una fila para el control de Policía Internacional.
  4. Después se podía ir al baño.
  5. También se podía ir a comprar cositas para comer o beber.
  6. Luego a la revisión del equipaje de mano por parte de los argentinos de aduanas.
  7. El equipaje sería revisado por máquinas y si había algo sospechoso por personas.
  8. Equipaje al bus.
  9. Todos al bus.
  10. Chao Los Horcones. Camino a Mendoza.

(Por cierto y tomando en cuenta toda la argentinidad del caso, el proceso no fue ni tan estricto ni tan así como lo planteó Nicolás en su discurso del bus. Luego veríamos que pasar para la Argentina era mucho más fácil de lo que pensábamos y también, por supuesto, pasar para la Argentina, objetos y sustancias prohibidas. Claro, nos dimos cuenta cuando ya estábamos camino a Mendoza).